El chiste del monito
Está un pianista tocando en un club nocturno con un pitillo humeante entre la comisura derecha de sus labios, las volutas de humo de su cigarrillo se deslizan despacio alrededor de un vaso bajo de whisky con hielo.
En una de las muchas mesas; entre más personas todas ellas fumando, está sentada una señorona de largos pelos de color platino que sostiene en su hombro un pequeño monito que pugna por escapar del lugar.
De repente se ve que el mono está sobre el piano sentado encima del vaso y remojando en el sus partes.
Se acerca al pianista uno de los clientes de la misma mesa y muy peripuesto él, le dice: Oiga ¿usted sabe porque el mono ha metido sus huevos en el vaso? Y el pianista le contesta: No, pero si usted me la tararea.
Ya sé que lo he alargado innecesariamente, pero es que me lo han contado recientemente y he querido hacer este pequeño homenaje recordando a aquel gran cómico Eugenio que con tanta gracia lo contaba.
Momentos y pensamientos.- Intentar poner con palabras lo que una sensación, un lugar, una cosa, una persona te hace pensar de lo que acontece en ese momento, que ha cambiado.
martes, 2 de septiembre de 2008
jueves, 17 de julio de 2008
Recordando
¡ Que bello diálogo oyó Swann entre el piano y el violín al comienzo del último tiempo! La supresión de la palabra humana, lejos de reinar la fantasía, como se habría podido creer, la habría eliminado; nunca un lenguaje hablado fue necesidad tan inflexible, ni conoció aquella pertinencia en las preguntas, aquella evidencia en las respuestas. Primero el piano se quejó en solitario, como un pájaro abandonado por su pareja; el violín lo oyó, le respondió como encaramado en un árbol vecino. Era como en los albores del mundo, como si no existieran más que ellos dos sobre la tierra, o, mejor, como en un mundo cerrado a todos los demás.
Marcel Proust.
Buuuuaaaaaaaaa, lloro de envidia.
Hay veces que leyendo he escuchado la música descrita, en esta ocasión fue una de ellas, sentí la pena del pájaro abandonado.
Marcel Proust.
Buuuuaaaaaaaaa, lloro de envidia.
Hay veces que leyendo he escuchado la música descrita, en esta ocasión fue una de ellas, sentí la pena del pájaro abandonado.
sábado, 21 de junio de 2008
Cuento
ENTRE PÁGINAS
He visto esta mañana a mi amigo riéndose él solo, y, sin más nos hemos puesto a andar juntos.
Después de dos semáforos en silencio se queda mirándome con unos ojos redondos por la risa y dice: se podría intitular.- El mosquito que le picó en los huevos a Rocinante.
No te entiendo, sí, me dice; o El mosquito cojonero.
Y esta vez la hilaridad le doblaba el cuerpo hacia delante.
Esta mañana he estado un rato en la biblioteca, sobre el mostrador había un Quijote y me he puesto a ojearlo, era la primera parte, una edición muy antigua, y en donde dice:
---Nunca fuera caballero
de damas tan bien servido
como fuera Don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, dél su rocino.
Justo ahí, sobre la palabra rocino; allí estaba aplastado un mosquito, pegadito en el papel.
Y volvió a reír.
Fin.
He visto esta mañana a mi amigo riéndose él solo, y, sin más nos hemos puesto a andar juntos.
Después de dos semáforos en silencio se queda mirándome con unos ojos redondos por la risa y dice: se podría intitular.- El mosquito que le picó en los huevos a Rocinante.
No te entiendo, sí, me dice; o El mosquito cojonero.
Y esta vez la hilaridad le doblaba el cuerpo hacia delante.
Esta mañana he estado un rato en la biblioteca, sobre el mostrador había un Quijote y me he puesto a ojearlo, era la primera parte, una edición muy antigua, y en donde dice:
---Nunca fuera caballero
de damas tan bien servido
como fuera Don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, dél su rocino.
Justo ahí, sobre la palabra rocino; allí estaba aplastado un mosquito, pegadito en el papel.
Y volvió a reír.
Fin.
lunes, 28 de abril de 2008
La belleza
Por lo que se ve, sólo el recuerdo de aquel amor quinceañero estableció en él las medidas de lo que quería a su lado.
Era el amigo del grupo con más ínfulas de tenerlo todo claro, se vanagloriaba constantemente. Todo lo tenía clarísimo.
Tenía quince años y todas sus preguntas a la vida se resumían en dos, como los diez mandamientos.
¿Cómo tenía que ser ella? ¿Cual era su estilo de mujer perfecta? así de simple era.
Él decía con mucha seriedad que día a día se iba formando en su mente ese retrato robot de cómo tenía que ser ella, con alguna indecisión eso sí, recalcaba, pero ya lo tenía todo claro, con un estilo perfecto y bien definido, aclaraba.
Esto, cuando unos años después nos reuníamos los que íbamos quedando de aquel grupo de amigos y recordábamos aquella época, seguía siendo para él motivo de alerta, nos miraba con intensidad uno a uno de los que estuviésemos allí, se ponía muy serio y le temblaban las aletas de la nariz mientras esperaba con atención una tras otra todas las palabras que se iban diciendo, hasta que estallábamos en las risotadas finales de siempre y su explosiva exclamación también de siempre: ¡Sois unos cabrones!.
Yo sólo pienso en ellas, decía, era su coletilla preferida.
El trabajo; ganarme el pan y pagar la pensión es secundario, levantarme en las mañanas es comenzar a pensar en ellas, para mí vivir sólo tiene ese fin. Y vuelta: aunque todas las tías con las que yo salgo son guapísimas, siempre encuentro que no son mi tipo ideal; lo que a alguna le sobra a la otra le falta. Y así iba la cosa, esta era toda su conversación una y otra vez, siempre igual.
Ha de ser alta, rubia, delgada, guapa, simpática, inteligente; así, asa... quiero que me quiera, y a cambio él quería ser su hombre, su todo.
Ese es mi patrón, es el canon, es el ancho de la trama por la que los atributos de belleza que tenían aquellas jovencitas debería de poder atravesar aquella trama con rigor, no estoy dispuesto a renunciar a nada de lo que me gusta; y dale.
Un día tras otro veíamos que se ponía a su lado la que todos en el grupo le llamábamos la Rogelia, ella era bajita, morena y mas bien feúcha sus andares destartalados, sus piernas; al menos el pedazo que se podía ver, eran un poco torcidas y demasiado morenas con relación al color de su cara, su hablar no tenía demasiada coherencia en lo que decía y el tono de su voz causaba esa sensación un tanto sorpresiva que produce envolver algo con papel gris. Pero allí estaba ella, siempre era la primera en estar a su lado y él por lo visto para ella era bueno, inocente, joven y muy simpático, eso decía a los vientos, él callaba.
¿Cómo era posible aquello?... Nunca llegue a comprender cómo una persona que tenía tan claro lo que quería se había dejado inducir por algo tan basto. ¿Cómo era posible que se sintiese tan atraído por aquel adefesio? ¿era de verdad una mujer o era un proyecto de algo inacabado? Semejante fealdad y desorden, no, no podía ser. ¿Era de verdad lo que después de tantas monsergas y cavilaciones quería? Pues se ve que sí, visto lo visto. Esto me contó días después.
Elia se sentó a mi lado, (ahora resulta que se llamaba Elia, ¡no te jode!) a mi derecha, cuando acabaron las risas y ya el personal se fue centrando en la película fue cuando note su mano entre mis piernas, al principio pareció una caricia, estaba justo en ese termino no definido, podía ser casual, sólo pasaron un par de segundos, pero no, no era casual ella siguió y siguió y yo la deje seguir, y, tan a gusto. Esa fue toda la explicación, ¿qué te parece?.
¿Tan fácil era desmontar todos sus principios? Sólo un escarceo era suficiente para querer más de aquella alhaja que hasta el pelo tenía eléctrico, la tocabas y te daba un calambrazo, para pasar tan rápidamente de un extremo al otro, ¿de verdad tan sólo hacía falta que una moza te metiese mano? Para que siguieses y siguieses sin importarte ya si ella te gustaba o no. Tras unos minutos y mirando hacia otro lado, me dijo: fue su belleza.
Era el amigo del grupo con más ínfulas de tenerlo todo claro, se vanagloriaba constantemente. Todo lo tenía clarísimo.
Tenía quince años y todas sus preguntas a la vida se resumían en dos, como los diez mandamientos.
¿Cómo tenía que ser ella? ¿Cual era su estilo de mujer perfecta? así de simple era.
Él decía con mucha seriedad que día a día se iba formando en su mente ese retrato robot de cómo tenía que ser ella, con alguna indecisión eso sí, recalcaba, pero ya lo tenía todo claro, con un estilo perfecto y bien definido, aclaraba.
Esto, cuando unos años después nos reuníamos los que íbamos quedando de aquel grupo de amigos y recordábamos aquella época, seguía siendo para él motivo de alerta, nos miraba con intensidad uno a uno de los que estuviésemos allí, se ponía muy serio y le temblaban las aletas de la nariz mientras esperaba con atención una tras otra todas las palabras que se iban diciendo, hasta que estallábamos en las risotadas finales de siempre y su explosiva exclamación también de siempre: ¡Sois unos cabrones!.
Yo sólo pienso en ellas, decía, era su coletilla preferida.
El trabajo; ganarme el pan y pagar la pensión es secundario, levantarme en las mañanas es comenzar a pensar en ellas, para mí vivir sólo tiene ese fin. Y vuelta: aunque todas las tías con las que yo salgo son guapísimas, siempre encuentro que no son mi tipo ideal; lo que a alguna le sobra a la otra le falta. Y así iba la cosa, esta era toda su conversación una y otra vez, siempre igual.
Ha de ser alta, rubia, delgada, guapa, simpática, inteligente; así, asa... quiero que me quiera, y a cambio él quería ser su hombre, su todo.
Ese es mi patrón, es el canon, es el ancho de la trama por la que los atributos de belleza que tenían aquellas jovencitas debería de poder atravesar aquella trama con rigor, no estoy dispuesto a renunciar a nada de lo que me gusta; y dale.
Un día tras otro veíamos que se ponía a su lado la que todos en el grupo le llamábamos la Rogelia, ella era bajita, morena y mas bien feúcha sus andares destartalados, sus piernas; al menos el pedazo que se podía ver, eran un poco torcidas y demasiado morenas con relación al color de su cara, su hablar no tenía demasiada coherencia en lo que decía y el tono de su voz causaba esa sensación un tanto sorpresiva que produce envolver algo con papel gris. Pero allí estaba ella, siempre era la primera en estar a su lado y él por lo visto para ella era bueno, inocente, joven y muy simpático, eso decía a los vientos, él callaba.
¿Cómo era posible aquello?... Nunca llegue a comprender cómo una persona que tenía tan claro lo que quería se había dejado inducir por algo tan basto. ¿Cómo era posible que se sintiese tan atraído por aquel adefesio? ¿era de verdad una mujer o era un proyecto de algo inacabado? Semejante fealdad y desorden, no, no podía ser. ¿Era de verdad lo que después de tantas monsergas y cavilaciones quería? Pues se ve que sí, visto lo visto. Esto me contó días después.
Elia se sentó a mi lado, (ahora resulta que se llamaba Elia, ¡no te jode!) a mi derecha, cuando acabaron las risas y ya el personal se fue centrando en la película fue cuando note su mano entre mis piernas, al principio pareció una caricia, estaba justo en ese termino no definido, podía ser casual, sólo pasaron un par de segundos, pero no, no era casual ella siguió y siguió y yo la deje seguir, y, tan a gusto. Esa fue toda la explicación, ¿qué te parece?.
¿Tan fácil era desmontar todos sus principios? Sólo un escarceo era suficiente para querer más de aquella alhaja que hasta el pelo tenía eléctrico, la tocabas y te daba un calambrazo, para pasar tan rápidamente de un extremo al otro, ¿de verdad tan sólo hacía falta que una moza te metiese mano? Para que siguieses y siguieses sin importarte ya si ella te gustaba o no. Tras unos minutos y mirando hacia otro lado, me dijo: fue su belleza.
lunes, 21 de abril de 2008
Me han dicho
Me han dicho que ayer jugaba el Valencia contra el Bilbao en el campo de este último y que gano este útimo. Nos arreo cinco goles, como aquello de los "cinco lobitos" en fin qué le vamos a hacer nos tendremos que conformar pensando que también nosotros le marcamos uno, de chiripa eso sí.
Profunda meditación.- El que no se consuela es por que no quiere.
Amunt.
Profunda meditación.- El que no se consuela es por que no quiere.
Amunt.
sábado, 19 de abril de 2008
Aves del Paraiso
Ella, en su candor, le miraba complacida.
Que él hubiese interrumpido su cortejo,
ese encanto de multicolores plumas, llenas de luz
ese estruendo de lamentos, todos ellos cantos de amor,
esas danzas de tiernos arrullos.
De repente su huida, un volar profundo, aquella silueta que la distancía borraba.
Y sintió su soledad.
Si prendada le habia aceptado
Si ya con él el Paraiso era su mundo,
¿qué no le supo decir?...
Y sintió su soledad.
Un dorado reflejo de aquel poniente...
A regresar a mí, al fin te decides.
Que él hubiese interrumpido su cortejo,
ese encanto de multicolores plumas, llenas de luz
ese estruendo de lamentos, todos ellos cantos de amor,
esas danzas de tiernos arrullos.
De repente su huida, un volar profundo, aquella silueta que la distancía borraba.
Y sintió su soledad.
Si prendada le habia aceptado
Si ya con él el Paraiso era su mundo,
¿qué no le supo decir?...
Y sintió su soledad.
Un dorado reflejo de aquel poniente...
A regresar a mí, al fin te decides.
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